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Luis García de Vegueta cumple 90 años

http://www.editorialprensacanaria.es/, 31/03/04

L uis García de Vegueta cumple hoy noventa años y ya puede emular a Domingo J. Navarro con sus propios Recuerdos de un noventón. El ilustre antecesor, también Cronista Oficial de Las Palmas de Gran Canaria, describió admirablemente en ese libro, un clásico de las letras canarias, las transformaciones de la capital durante el siglo XIX. Luis puede narrar como nadie lo que ha significado el decurso del siglo XX y lo que sigue significando en los arranques del XXI. Rigurosamente puntual, su rúbrica Nuestra ciudad ha cubierto en este periódico varias décadas de acontecer civil, tan vibrantes de actualidad como eruditas en contenidos históricos.
Bien mirado, un libro de recuerdos sería redundar en el inagotable ejercicio memorialista que las crónicas de Luis han desarrollado en número cercano a los diez millares. Un caudal como éste, absolutamente único y sin precedentes, no necesita el formato del libro porque desbordaría todas las dimensiones imaginables. Alguna vez se decidió el autor por volúmenes recopilatorios que, aún definidos por sus preferencias, son un pálido reflejo de la colosal imaginación capaz de contemplar la ciudad en casi diez mil diferentes facetas. Ese protagonismo, que aún sigue desgranando variantes y aspectos inéditos, quedará en la hemeroteca como testimonio de una trayectoria única.
Siempre cómodo en una dimensión confortable y con la voluntad de estilo de un consumado escritor, García de Vegueta ha logrado el objetivo de convertir Las Palmas de Gran Canaria en el más rico de los personajes literarios. La ciudad habla a través del cronista, no es narrada sino narradora, no objeto sino sujeto. Su vida, su alma y su memoria se imponen a los recursos de la invención y hacen sonar su voz propia, su plural realidad. El cronista no necesita cambiar la verdad por lo verosímil ni lo auténtico por lo "ben trovato". El dato desencadena la situación, la referencia pasada encarna en presente, el diálogo toma el lugar del discurso y todo parece nacido de la espontaneidad, el día a día, la bullente energía cotidiana.
Esa naturalidad aparentemente fácil es la conquista técnica y estética de Luis, intransferible lenguaje alcanzado con trabajo y tesón indescriptibles. Porque el empeño es doble: de una parte, seleccionar el hecho, las personas, las situaciones o las palabras; y, de otra, construir con todo ello una pieza impecable. La voluntad de estilo, intransigente consigo misma e infinitamente "pejiguera" en el control de la transcripción, la queja del despiste y la guerra contra la errata, ha obrado el milagro de que la forma esté a la altura del contenido y la crónica sea digna de la ciudad. En las urgencias de una redacción periodística puede pasar de todo y la garantía de rectificar involuntarios errores relaja las tensiones. Pero Luis nunca se conformó con ello y su constante presión perfeccionista, impuesta desde hace muchos años, ha reinventado un género casi perfecto que, a pesar del constante "incordio", sea un compañero queridísimo, un referente entrañable para todos los que comparten la tarea del periódico diario, lo explican tan bien su bonhomía y compañerismo como la comprensión por su trabajo.
En definitiva, el gran personaje de creación que hoy es Las Palmas de Gran Canaria por obra y gracia de Luis, deriva de una relación amorosa. Quizás otras capitales hayan sido más noveladas; pero ninguna de cuantas existen en el mundo han sido ni son protagonista central de un relato que llegará pronto a los diez mil capítulos. Si eso no es amor, nada hay que pueda explicarlo de manera convincente.
El Ayuntamiento de la capital fue certero en la elección de cronistas que, como Domingo J. Navarro y Luis García de Vegueta, han vivido larga y lúcidamente su experiencia de la urbe y su relación con quienes la habitan. La dilatada perspectiva estimula la visión de largo alcance pero brota también del fenómeno de fusión del alma de la ciudad con el alma de quienes la narran.

VITALISMO. Muchos años después de su jubilación profesional, sigue Luis encontrando acentos larvados, ecos inéditos, pálpitos subterráneos capaces de arrancar nuevos destellos al diamante literario de Las Palmas. Y seguirá haciéndolo mientras que la cronología sea, en su vitalismo, lucidez e imaginación, un dato secundario.
Con él, su esposa y sus hijas celebramos el privilegio de noventa años admirablemente vividos. Con todos los ciudadanos de hoy, de ayer y de mañana, podemos celebrar la vigencia de una obra modélica que nos ha enseñado a amar las cosas verdaderamente dignas de ser amadas.
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