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Rutas :: Racionalismo en Vegueta-Triana

José Luis Gago

GUÍA DE LA ARQUITECTURA RACIONALISTA DE VEGUETA Y TRIANA

A pesar del carácter consolidado que tenían ya los barrios de Vegueta y Triana a comienzos del siglo XX, la arquitectura racionalista tuvo la oportunidad de dejar en ellos importantes ejemplos que denotan la relevancia de su aportación a la historia de la ciudad y su desarrollo moderno. Esta decisiva aportación se debe al arquitecto Miguel Martín quien desde los inicios de su trayectoria profesional influyó para actualizar los postulados vigentes de la arquitectura local.

Para empezar este acercamiento al racionalismo debe figurar con toda su carga representativa la casa Machín, de 1927, en la calle Juan de Quesada nº 33, que representa el primer proyecto moderno de la ciudad. La solución de la esquina en chaflán y la convergencia sobre ella de dos laminas curvadas de hormigón armado, que recuerdan las del proyecto de Oud para Hoek van Holland, ejemplifican de manera sorprendente el riesgo que estaba dispuesto a correr un joven arquitecto con su arquitectura, en una ciudad que carecía de cualquier tradición moderna.

En segundo lugar y por la trascendencia de ser un proyecto oficial para una corporación de nueva implantación hay que citar el Cabildo de Gran Canaria, de 1932, encomiable ejercicio de implantación urbana, tanto por su solución volumétrica como por el establecimiento de relaciones urbanísticas con el resto de la ciudad, tales como el refuerzo de la perspectiva histórica mediante su torre alineada con las de la Catedral y el Gabinete Literario, o el tridente que desde él se abre sobre la ciudad en expansión. No merece la pena insistir en cuantas modificaciones posteriores al proyecto se han hecho salvo para proponer la recuperación de su fisonomía original.

El Cine Cuyás es otro de los mejores ejercicios racionalistas del arquitecto, aunque su reciente restauración ha reducido su arquitectura original a la fachada principal y solo espacialmente al vestíbulo. Merece la pena decir que Martín proyectó para el barrio otros dos cines, que de construirse hubieran sido arquitecturas emblemáticas. El primero denominado Rialto, de 1931, estaba emplazado en la confluencia de la calle Bravo Murillo con Eduardo, con una impresionante torre acristalada en la esquina; y el segundo, de 1932, en la avenida Primero de Mayo, nº 51, en lo que fue el cine Hollywood o Avenida, para el que el arquitecto manejó planos neoplasticistas fragmentando la fachada y un espectacular vestíbulo de planta circular.

La casa Ponce, de 1932, en nº 25 de la calle de Bravo Murillo esquina Pérez Galdos, justo en el lado opuesto que ocupa el Cabildo, muestra un claro interés por crear un ámbito espacial y urbano nuevo del que se benefician ambos edificios. La descomposición de las esquinas de las dos manzanas en fragmentos escalonados rompe con el carácter decimonónico del ensanche.

Como edificios residenciales en el barrio de Triana destacan la casa Bonillo en el nº 1 de la calle Cano, de 1929, donde se aprecia la decidida fuerza figurativa del primer racionalismo de Miguel Martín; el edificio Wiot, de 1930, en el nº 106 de la calle Triana, una singular solución de fachada emparentada con las corrientes art-decó; el edificio Deshetres, de 1930 en la Avenida Primero de Mayo nº 32, con una generosa molduración de terraja en el cuerpo central de la fachada; la casa Figueroa en el nº 22 de la calle Pérez Galdos, de 1933, un edificio de tres plantas con un destacado sentido de las superficies marcado por el amplio basamento de la planta baja o garaje y la entreplanta, que dan lugar a una significativa composición de la puerta de acceso; el edificio Hernández en el nº 15 de Bravo Murillo, de 1933, donde incluye la cantería tradicional para definir la planta baja, singularizada con tres huecos de medio punto, quedando en el interior del edificio y el patio trasero los diseños mas interesantes; el edificio Rafols, de 1938, en la plaza de San Bernardo, nº 14, muestra una serena utilización de los principios modernos sin necesidad de alardes estilísticos.

También en Vegueta contamos con un edificio de viviendas conocido como casa Guerra, en el nº 47 de la calle Espíritu Santo, de 1930, con una aventurada ventana para la escalera que recorre toda la fachada e incluso se prolonga en horizontal cerrando la sencilla composición de los huecos.

A este grupo de edificios cabe añadir algunos otros que aunque pertenecen al barrio de Arenales, por estar emplazados en el lado par de la calle Bravo Murillo, mantienen una clara relación con los anteriores como pueden ser los dos módulos extremos del Hotel Parque, de 1932, siendo completado de los años 50 con el cuerpo central; las casas 12, 32, 36 y 38 conocidas respectivamente como casa Hidalgo, de 1933; casa Galván, de 1932, casa Suárez, de 1931; y casa Márquez de 1933, valiosas representaciones que demuestran el control y maestría que llegó a tener el arquitecto de la arquitectura racionalista.

Pero no podemos dejar pasar por alto que fue en el nº 13 de la calle Bravo Murillo donde Martín construyó su propia casa y estudio, en un edificio de cuatro plantas al que se mudaría buena parte de su familia. Este proyecto, de 1924, ofrece ya la imagen de un arquitecto culto, con conocimientos precisos de las principales obras de distintas corrientes centroeuropeas y para cuyo zaguán diseña las cabinas de la portería, las lámparas, la secuencia espacial que da paso hasta el patio, y el mismo patio, con una incuestionable influencia de la vanguardia austriaca y síntoma de la naturalidad y soltura con la que ya se enfrentaba a la arquitectura, a la vez que preconizando la irreversible premodernidad racionalista.

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